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Una reflexión en torno a las masculinidades

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Los comportamientos que en los varones, además de considerarse totalmente naturales, suelen verse como caprichosos o desconsiderados son en ralidad en beneficio de la sociedad, de hecho son un sacrificio hecho por el varón para el bienestar de la comunidad, dado que, tal como lo indica Kaufman "la adquisición de la masculinidad hegemónica es un proceso a través del cual los hombres llegan a suprimir toda una gama de emociones, necesidades y posibilidades, tales como el placer de cuidar a otros, la receptividad, la empatía y la compasión, experimentadas como inconsciencia con el poder masculino". Tales comportamientos se condensan en un modelo que ha sido empleado y reproducido por mucho tiempo y es propio de las sociedades tribales, pues es necesario para su supervivencia, siguiendo la alusión que se hizo arriba. Curiosamente este modelo también lo hallamos en Occidente, lo que nos demuestra que Occidente no ha dejado de ser una tribu mas entre todas las que pueden hallarse en el mundo, sin que esto implique, caro está, que no haya habido algunas luces encendidas en pro de superar la condición de tribu, pues hay un problema mayor que determinados modelos, y es que no se superen. 

En su análisis etnográfico de las masculinidades en diversos lugares del mundo, Hacerse hombre, el antropólogo David Gilmore señana que "Una y otra vez hemos visto que el hombre de verdad es aquel que da más que toma, que sirve a los demás. Como el pescador mehinaku, el pastor samburu o los Grandes hombres sambia o dodoth, el hombre de verdad es generoso, e incluso con exeso. A los que no son hombres, se les tilda de tacaños e improductivos. Por lo tanto, la virilidad también implica un matiz de criar, si definimos este término como dar, subvencionar o redirigir (...) Pero, sorprendentemente, los hombres de verdad también amamantan, aunque puede que nos les guste que se diga así. Su aportación es indirecta, y por lo tanto no se conceptúa tan fácilmente. Los hombres ciudan a su sociedad vertiendo su sangre, su sudor y su semen; llevando a casa el alimento para el hijo y la madre, produciendo hijos, y muriendo, si es necesario, en un lugar lejano para proporcionar un refugio seguro a su gente. Sin embargo, las cualidades individuales necesarias para esta contribución masculina son, paradójicamente, lo opuesto a los que los occidentales suelen considerar como personalidad materna (...) sostengo que, intrínsecamente, el hombre no es tan diferente de la mujer, y que necesita motivaciones para mostrarse resuelto".

 

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